En el post sobre los límites del crecimiento y la Economía Ecológica y Circular ya hacía referencia al reto que supone la finitud del planeta para un sistema de producción lineal. También te comentaba en el post sobre la Globalización cómo ésta nos volvió hiperconectados pero terriblemente frágiles. Luego, te planteé otro post sobre el reto que supone la Revolución Digital destruyendo empleo de cuello blanco a una velocidad nunca vista. Y por si no fuera poco, el post sobre la Economía Ecológica nos advirtió de que el planeta tiene límites físicos insalvables. Retos importantes los que tenemos por delante y necesitamos enfoques alternativos que ofrezcan soluciones reales.
Con todos estos desafíos por delante es probable que la mayoría de los ministros de Economía o asesores te daría siempre la misma solución para salir del laberinto: “Tranquilos, solo necesitamos que la economía crezca más. Si el PIB sube, habrá dinero para todo”.
Y aquí es donde chocamos contra el muro definitivo. ¿Cómo vamos a crecer eternamente si todas las cosas materiales que producimos dependen de una Tierra cuyos recursos se están agotando? Es una contradicción física. Para resolver este dilema, hoy entramos en el terreno de la mayor “herejía” de la economía moderna: el Decrecimiento. Un debate incómodo, pero obligatorio, que aconsejo nutrir con la lectura de ¿Por qué el decrecimiento?, de Carlos Taibo.
Para entender que el decrecimiento no es una rabieta política sino una realidad material, no hay que mirar los manuales de finanzas, sino las leyes de la física. El economista Nicholas Georgescu-Roegen revolucionó la materia en 1971 al introducir la Segunda Ley de la Termodinámica (la entropía) en los modelos económicos. Su argumento es demoledor para las teorías clásicas:
- La economía tradicional dibuja el sistema como un circuito cerrado donde el dinero viaja mágicamente de las familias a las empresas. ¿Recuerdas el modelo económico del Flujo Circular de la Renta?
- Georgescu-Roegen demostró que la economía es en realidad un sistema abierto que absorbe baja entropía (recursos valiosos, minerales puros y energía fósil) y expulsa inevitablemente alta entropía (residuos, contaminación y calor disipado).
Sin entrar demasiado en complicaciones, como la energía útil del planeta se agota y los materiales se degradan de forma irreversible (no puedes volver a quemar el humo de una fábrica), el crecimiento económico perpetuo es un mito que ignora la física. No podemos producir más sin destruir la base natural que nos mantiene vivos.
Si Georgescu-Roegen puso las bases de la física, el filósofo y economista francés Serge Latouche acuñó el término Décroissance (Decrecimiento) para aplicarlo a la sociedad. Latouche afirma que somos “adictos al crecimiento” y propone una terapia de choque.
Para Serge Latouche, el decrecimiento no es una recesión como veníamos entendiendo en la Economía convencional en la que una recesión supone un desplome de la producción que genera paro, quiebras y miseria. En su visión o propuesta, el decrecimiento es una reducción planificada, consciente y democrática del consumo material para evitar, precisamente, el colapso.
Para lograrlo, Latouche propone la matriz de las “8 R” para cambiar de civilización:
- Reevaluar (Cambiar los valores). El primer paso ocurre en nuestra cabeza. Consiste en sustituir los valores del siglo XX (el individualismo, el consumismo desenfrenado, la competitividad y la obsesión por el éxito económico) por valores basados en la cooperación, el altruismo, la justicia social y el placer del tiempo libre. Dejar de asociar que tener el último modelo de iPhone te da más estatus social dentro del instituto.
- Reconceptualizar (Redefinir los conceptos). Hay que cambiar el diccionario económico. ¿Qué significa realmente “riqueza” o “pobreza”? ¿Qué es la “eficiencia”? Para Latouche, una sociedad que produce millones de coches pero respira aire contaminado no es rica, es absurdamente pobre en calidad de vida. Entender la “riqueza” como la cantidad de horas libres que tienes a la semana para hacer lo que te gusta, y no como el dinero acumulado en el banco a costa de no tener vida propia.
- Restructurar (Adaptar el sistema). Significa cambiar el aparato productivo y las leyes económicas para que se adapten a los nuevos valores. Si el objetivo ya no es crecer, las fábricas no deben producir cosas efímeras. Hay que adaptar las empresas para que ganen estabilidad y no volumen, y reorientar el sistema fiscal para proteger a las personas y no a las grandes corporaciones de usar y tirar.
- Relocalizar (Volver a lo cercano). Consiste en producir y consumir a nivel local. Es el fin de la globalización asimétrica del. Al acercar los centros de producción a los de consumo, se reduce drásticamente el uso de transporte transcontinental (barcos, aviones) y se revitalizan las economías de los pueblos y barrios. Comprar las manzanas al agricultor de tu región en lugar de comprar las que vienen envasadas en plástico desde Chile.
- Reducir (Consumir menos materia y energía). Esta es la “R” más dura para el sistema actual. Hay que disminuir el impacto directo de nuestra actividad física: menos consumo de plásticos, menos turismo de masas hipercontaminante, menos cambio de ropa por modas estacionales y, muy importante, reducir las horas de trabajo para repartir el empleo y bajar el ritmo de vida estresante.
- Reutilizar (Alargar la vida de las cosas). Romper con la cultura de la inmediatez. Significa usar los bienes de consumo el mayor tiempo posible o pasárselos a otras personas cuando a nosotros ya no nos sirvan, evitando que entren en el circuito de la basura. Las plataformas de ropa de segunda mano (Vinted, Wallapop) o el clásico sistema de heredar los libros de texto de hermanos mayores o compañeros.
- Reparar (Arreglar antes que tirar). En la economía lineal, las cosas se diseñan para que sea más barato comprar una nueva que arreglar la vieja (obsolescencia programada). Reparar implica luchar contra ese diseño, devolviendo el protagonismo a los oficios técnicos (zapateros, costureras, mecánicos de electrónica) y exigiendo por ley que las empresas vendan piezas de repuesto.
- Reciclar (El último recurso). Para Latouche, el reciclaje es la última de las opciones porque transformar un material gasta mucha energía y agua (la ley de la entropía de Georgescu-Roegen). Solo cuando un objeto no se ha podido reducir, reutilizar ni reparar, se debe triturar o fundir para recuperar sus materiales básicos y evitar la extracción de recursos nuevos de la Tierra.
En nuestro país, el profesor Carlos Taibo es el gran referente en cuanto a la divulgación del Decrecimiento. En su libro ¿Por qué el decrecimiento?, nos baja a la tierra estas teorías y nos advierte de que el ritmo actual es una locura colectiva que genera ansiedad y destruye el tejido social. El hilo argumental de Taibo se resume en tres propuestas radicales y lógicas:
- Reparto del trabajo: Si dejamos de producir toneladas de objetos inútiles o efímeros, la cantidad de horas de trabajo necesarias en el país bajará. En lugar de tener a unos pocos trabajando 45 horas semanales al borde del burnout y a millones en el paro, Taibo propone trabajar menos horas todos (jornadas de 30 horas) para que trabajemos todos y recuperemos el control de nuestras vidas.
- Sencillez voluntaria: Reducir nuestro consumo material para ganar en lo que él llama “soberanía vital” (tiempo para la familia, la cultura, el activismo o el descanso).
- Escepticismo tecnológico: Taibo nos avisa de que la tecnología a menudo gasta más recursos de los que ahorra. Las infraestructuras digitales para que funcione la Inteligencia Artificial consumen ya más energía y agua que países enteros.
Decrecimiento vs. Crecimiento Verde: La cosas claras
Este es el choque de trenes teórico que vais a encontrar en los medios de comunicación y en los debates universitarios. ¿Quién tiene razón?
| Crecimiento Verde (Enfoque Oficial / ODS) | Decrecimiento (Enfoque Crítico / Taibo o Latouche) |
| Tecnología: El PIB puede seguir creciendo de forma limpia usando energías renovables y coches eléctricos. | Límites: No hay litio, cobalto ni tierras raras suficientes en el planeta para sustituir 1.500 millones de coches de combustión por eléctricos. |
| Desacoplamiento: La eficiencia nos permitirá producir más gastando menos recursos. | Efecto Rebote: Si la tecnología hace que un motor sea más eficiente, el viaje sale más barato, la gente lo usa más y el consumo total de energía aumenta (Paradoja de Jevons). |
| Reforma: Hay que optimizar e internalizar los costes ambientales del sistema actual. | Revolución: Hay que cambiar el sistema. Un modelo basado en el beneficio ilimitado nunca respetará un planeta limitado. |
Decrecimiento ¿Utopía o necesidad?
Si le preguntas a un político tradicional, te dirá que el decrecimiento es una locura irrealizable. Pero si miras a la juventud actual, la perspectiva cambia. El movimiento global Fridays for Future o la creciente ecoansiedad en los institutos nacen precisamente de ver cómo el modelo económico del siglo XX se empeña en ignorar el futuro de quienes vivirán en el siglo XXI. De hecho, el Decrecimiento ya se está aplicando “por partes” en muchas políticas de vanguardia:
- Ciudades de 15 minutos: Diseñar los barrios para que no necesites coche para ir al médico, al instituto o a comprar, reduciendo drásticamente el consumo energético. Barcelona, Valencia, Pontevedra o Vitoria-Gasteiz son ejemplos actuales en la aplicación de políticas en esta línea.
- Leyes del Derecho a Reparar: Obligar a las tecnológicas a vender piezas de sustitución para luchar contra la obsolescencia programada.Por ejemplo, la Directiva (UE) 2024/1799 – Promoción de la reparación, que obliga a los fabricantes a reparar ciertos productos incluso después de que termine la garantía, siempre que sea técnicamente viable.
- Soberanía alimentaria: Potenciar los huertos urbanos y el consumo de proximidad para cortar las kilométricas cadenas de transporte global.
Sea como sea, esta obra y esta que comienza a ser una escuela de pensamiento, plantea propuestas y reflexiones interesantes y nada descartables como alternativa. De hecho, aunque no existiera tal amenazada de colapso, plantea formas de vivir que se me antojan como muy atractivas y más sanas que algunos aspectos de nuestra forma de vida actual. Termino con una de las citas más famosas de este movimiento: “Quien crea que un crecimiento infinito es posible en un planeta finito, o es un loco o es un economista”. Puede que yo sea ambas cosas. La pregunta para vuestra generación ya no es si vais a consumir menos, sino si queréis empezar a planificarlo de forma justa o esperar a que la física lo haga por las malas. En palabras de Taibo: “El decrecimiento no es una opción de elegir entre lo bueno y lo malo, sino entre una reducción razonable y democrática de nuestro consumo o un colapso caótico y violento impuesto por la naturaleza”.








