¿Lo “normal” es solo lo tuyo?
Si te ofrecen un plato de saltamontes fritos crujientes, probablemente pondrás cara de asco y dirás: “¡Qué repugnante!”. Sin embargo, si te ponen un plato de gambas a la plancha o unos caracoles en salsa, te parecerá un manjar estupendo y lo verás totalmente normal. Si lo piensas fríamente, los tres son “bichitos” con antenas, pero tu cerebro reacciona de forma muy distinta ante ellos. ¿Quién decide qué es lo “correcto”, lo “asqueroso” o lo “normal”?
En el post anterior vimos cómo la evolución nos dio un cerebro, pero fue la cultura la que nos hizo verdaderamente humanos. Hoy vamos a ponernos las gafas de la Sociología, la ciencia que estudia cómo nos relacionamos, para entender cómo la sociedad influye en nuestra forma de pensar.
Tu manual de instrucciones invisible
Como seres sociales que somos, compartimos una cultura. La cultura se puede definir como el conjunto de conocimientos, creencias, valores, normas, prácticas, símbolos y lenguajes que caracterizan a un grupo humano y que se transmiten de generación en generación. Es el manual de instrucciones que le damos a nuestro “piloto” para vivir en el mundo. Pero debes tener muy claras tres cosas sobre ella:
- Es dinámica: cambia con el tiempo (hace un siglo, que las mujeres votaran parecía “anormal”).
- Es diversa: varía enormemente según el contexto geográfico.
- Es relativa: se debe entender desde la perspectiva de cada grupo humano, ya que es el resultado de cómo ese grupo se ha adaptado a su entorno natural y social a lo largo de los siglos.
La trampa del Etnocentrismo
El problema llega cuando olvidamos que llevamos nuestras propias “gafas culturales” puestas. Todos nacemos dentro de una tribu y es muy fácil caer en el Etnocentrismo: la tendencia a considerar la propia cultura como el único criterio válido para interpretar o valorar los comportamientos, tradiciones o valores de otros grupos.
El etnocentrismo implica conceder un valor superior a lo nuestro frente a lo ajeno, usando nuestros propios patrones para juzgar a los demás. Es mirar a quien come insectos por la calle en Tailandia pensando que son unos salvajes, convencido de que tu forma de vivir es la única buena. Esta actitud es un peligro social: tiende a generar prejuicios, obstaculiza la cohesión social y alimenta la discriminación y los conflictos entre grupos humanos.
Reflexionemos: ¿Y tus gafas, cómo son?
El primer paso para tener estrategias de inclusión y mejorar la convivencia es el autoconocimiento. ¿Crees que tienes actitudes etnocentristas o prejuicios ocultos?
Te invito a reflexionar realizando el siguiente test de la UNAIDS (insertar aquí el enlace al test). Este cuestionario te planteará una serie de situaciones y te pedirá que elijas la opción que más se ajuste a tu forma de pensar o actuar. Al final del test, te dará un resultado y una explicación sobre tu nivel de discriminación hacia otras personas o culturas. ¡Los resultados a veces sorprenden!
💬 Para reflexionar en los comentarios: ¿Qué costumbre de otro país o cultura te llamaba mucho la atención (o incluso te parecía rara) al principio, y luego llegaste a entender al conocer su historia y ponerte “sus gafas”?