Cómo superar la entrevista de trabajo
¡Enhorabuena! Te acaba de sonar el móvil, has contestado con voz dudosa porque era un número desconocido, y una persona muy amable te ha dicho: “Hola, te llamo de la empresa X. Hemos visto tu currículum, tu perfil nos ha parecido muy interesante y nos gustaría conocerte en persona este jueves a las diez de la mañana para una entrevista”. Cuelgas el teléfono, te quedas mirando la pared y, de repente, sientes que el corazón te va a mil por hora, te sudan las manos, se te hace un nudo en el estómago y el pánico absoluto se apodera de tu “mono” emocional. Es el miedo al juicio de los demás en estado puro.
Tranquilo, respira hondo. Si te han llamado por teléfono para concertar una entrevista, significa una cosa maravillosa que tienes que interiorizar desde ya: tú ya cumples los requisitos técnicos y académicos para el puesto. Ya han leído tus papeles, ya han visto tu nota media, ya saben qué has estudiado y qué edad tienes. Ya has superado al 90% de los candidatos y estás en la gran final del campeonato. Ahora, en la entrevista, la empresa no quiere hacerte un examen sorpresa de matemáticas en una pizarra; lo que quieren es conocer a la persona de carne y hueso que hay detrás de ese PDF tan bien diseñado. Quieren saber si eres alguien con quien da gusto tomarse un café los lunes por la mañana, si vas a encajar bien en el ambiente del equipo, si sabes gestionar la presión sin perder los nervios y si eres una persona educada y resolutiva.
Muchos candidatos jóvenes van a las entrevistas (ya sean presenciales en una oficina, telemáticas por videollamada de Zoom o dinámicas grupales con más candidatos) con la actitud de un acusado que va a un interrogatorio policial duro. Se sientan en el borde de la silla, encogen los hombros, bajan la mirada al suelo, cruzan los brazos a la defensiva y se limitan a responder a las preguntas con monosílabos (“sí”, “no”, “vale”). Tienes que cambiar ese chip radicalmente en tu cerebro. Una entrevista de trabajo es una reunión de negocios entre dos profesionales que se necesitan mutuamente. Ellos tienen un problema grave (necesitan a un trabajador urgentemente para cubrir un hueco) y tú tienes la solución exacta (tu tiempo, tu energía y tu talento). Estáis sentados ahí para evaluar si hacéis “match” y si os conviene trabajar juntos.
Para bordar esta prueba de fuego sin dejar que los nervios te traicionen, necesitas dominar un método estratégico dividido en tres pasos innegociables:
Fase 1: El Antes (Investigación exhaustiva y Entrenamiento) La improvisación absoluta es la madre del fracaso en el mundo laboral. Jamás vayas a una entrevista sin haber “stalkeado” (investigado a fondo, como haces con la gente en Instagram) a la empresa que te va a entrevistar. Entra en su página web, lee su sección “Quiénes somos”, mira sus redes sociales, averigua cuáles son sus últimos proyectos o productos lanzados, qué valores defienden y, si tienes el nombre de la persona que te va a entrevistar, búscalo en LinkedIn. Esto te dará una ventaja brutal sobre el resto de candidatos que van a ciegas. Además, prepárate en casa, frente al espejo de tu cuarto o grabándote con el móvil, tu Elevator Pitch personal (tu discurso de presentación de un minuto). Es 100% seguro, te lo garantizo, que la primera frase que te dirán para romper el hielo será la terrorífica: “Bueno, cuéntame algo sobre ti”. Ante esa pregunta abierta, no quieren saber cuántos hermanos tienes, dónde fuiste de vacaciones o cuál es tu color favorito. Quieren un resumen cronológico estructurado de tu trayectoria, de lo que te apasiona profesionalmente y de por qué estás sentado en esa silla hoy. Llévalo ensayado para arrancar con total seguridad.
Fase 2: El Durante (El poder del Lenguaje No Verbal y la Asertividad) Desde el segundo uno en que cruzas la puerta del edificio y saludas al recepcionista, te están evaluando. Tu lenguaje no verbal (del que ya hablamos extensamente en la Unidad 4) grita lo que tus palabras intentan callar. Si das la mano con la fuerza y la energía de un pez muerto, si no miras a los ojos cuando te hablan y te sientas en el borde de la silla moviendo la pierna frenéticamente como si fueras a huir, tu lenguaje corporal grita “inseguridad y miedo”. Siéntate erguido ocupando tu espacio, mantén un contacto visual amable (sin mirar fijamente como un psicópata), asiente con la cabeza cuando te hablen para demostrar escucha activa y, súper importante, sonríe. Las neuronas espejo de tu entrevistador harán que él también se relaje inmediatamente si tú le ofreces una sonrisa honesta.
Inevitablemente, llegará el temido momento de las preguntas difíciles. La más clásica: “¿Cuál consideras que es tu mayor debilidad o defecto?”. Por favor, pase lo que pase, jamás respondas el cliché aburridísimo, falso y de manual de los años 90 de “Soy demasiado perfeccionista” o “Mi defecto es que trabajo demasiado y me exijo mucho”. Los de Recursos Humanos odian profundamente esa respuesta prefabricada y falsa. Quieren ver tu madurez. Sé asertivo y honesto. Di una debilidad real (que no te descalifique para el puesto básico) y, en la misma frase, explica qué estás haciendo activamente para solucionarla. Ejemplo: “A veces me cuesta hablar en público frente a grupos grandes y me pongo un poco nervioso, pero precisamente este último año me he apuntado al equipo de debate en el instituto para obligarme a salir de mi zona de confort, y la verdad es que estoy mejorando muchísimo el control de los nervios”. ¡Eso demuestra una actitud increíble de crecimiento personal!
Fase 3: El Después (El Cierre y el Seguimiento profesional) Cuando la entrevista esté terminando y recojan los papeles, casi siempre te preguntarán: “¿Tienes alguna duda o pregunta que hacernos?”. Nunca, jamás digas que no. Lleva preparadas desde casa un par de preguntas inteligentes sobre el puesto, sobre el tamaño del equipo, sobre cómo es un día normal de trabajo allí o sobre los próximos retos del proyecto. Preguntar demuestra un interés enorme por tu parte y le recuerda sutilmente a la empresa que tú no estás desesperado, sino que tú también les estás evaluando a ellos para ver si es un buen sitio para ti. Al llegar a casa tras la entrevista, un detalle de clase mundial es enviar un brevísimo correo electrónico agradeciendo el tiempo que te han dedicado y reafirmando tus ganas de unirte al proyecto. Casi nadie hace esto, y te hará destacar automáticamente sobre el 95% de los candidatos.
Una entrevista no es un interrogatorio judicial para pillarte en un renuncio ni un examen oral del instituto donde te puedan suspender. Es una conversación madura entre dos partes para descubrir si podéis colaborar con éxito. Confía en el valor de lo que aportas.
💬 Pregunta para comentarios: Imagina que estás ahora mismo sentado en la silla del entrevistado. Si te preguntaran de repente, mirándote a los ojos, cuál es tu mayor punto fuerte a la hora de trabajar dentro de un equipo con personas muy diferentes, ¿qué responderías de forma honesta y qué ejemplo real de tu vida (del instituto, del deporte o de tu familia) pondrías para demostrarlo?








